- Hola, -dijo el recién llegado. Lamento llegar tarde, pero no lograba encontrar el lugar, al parecer fui notificado de última hora.
El resto de los presentes lo vieron de forma inquisitiva y desconfiada; había mucho en juego para simplemente aceptar a un extraño, demasiado que perder si era la persona equivocada.
-¿Quién te notificó? - pregunto el mayor -. Parecía ser el líder.
-Así que tú eres a quien debo convencer - pensó.
-Recibí éste mensaje –dijo, mientras extendía un papel maltratado y sucio con un extraño mensaje: "12:05 tras almacén, junto al carro abandonado, llega a tiempo, será rápido"; y un símbolo en el reverso casi ilegible.
-Parece auténtico -comentó para el resto -pero tengo una duda ¿quién te lo dio? -le dijo, -mientras recorría al extraño.
Era unos centímetros más bajo que el, pero arriba de la media del resto, delgado, brazos largos al igual que unas manos grandes pero delgadas, por sus características podría llegar a ser un peligro si lo dejaban ingresar. Pero todo estaba en orden. En el momento que el extraño iniciaba la respuesta, noto que aparecía en su mano derecha, una bolsa de piel negra, extraída de su bolsillo izquierdo; la cual estaba deformada por su contenido, media unos 10 centímetros, y solo estaba llena hasta la mitad, -en sus ojos apareció un brillo; -aún no veía el contenido y ya lo deseaba.
-Fue "el bocho", lo conozco de hace tiempo y le comenté que estaba interesado. Ayer fue a mi casa y le mostré esto, -lo dijo mientras extraía de la pequeña bolsa sólo uno de los cristales que contenía. Él pensó que podría interesarles y por eso me dio su invitación.
Era verdad, faltaba el bocho, nadie lo había notado, porque se suponía que era una reunión exprés y sólo participarían los que estuvieran a tiempo.
Al parecer todo se había salido de control. Y todo debido al extraño que tenia a todos embelesados con el cristal, al parece podría ingresar si se traducía la cara de todos en el lugar. Al parecer todos estaban dispuestos a correr el riesgo, por la simple oportunidad de poseerlo.
-Bueno, y quien más está enterado de esto –Dijo el extraño.
-Nadie; sólo los que tienen el mensaje. Y tu –Dijo el líder, en forma desdeñosa.
-Muy bien, podemos comenzar. –Replicó desafiante.
-¿Podemos?; ¿es que ya te has dado por admitido? –Dijo, con un tono de odio en la voz.
-Muy bien, decidamos. –Dijo uno de los otros. –Estamos perdiendo tiempo valioso y podrían descubrirnos.
-Ok, dijo el líder; Levanten la mano los que estén en contra. –Esperando con esto manipular la respuesta.
Sólo uno, además de él levantó la mano; todos los demás se abstuvieron. Al parecer, el simple hecho de mostrar uno de los cristales que estarían disponibles, logró el efecto correcto.
-Sólo recuerden que hoy en particular, están en juego nuestras mejores posesiones. –replicó el líder.
Todos asintieron, pero aún así, no cambiaron su decisión.
-Muy bien; pero al menos quiero ver, todo lo que ofrecerás. –Dijo, dirigiéndose nuevamente al extraño.
Sin poner mucha atención a la expresión de odio que mostró el líder; extrajo todo el contenido de la bolsa y lo puso a consideración. Todos se sorprendieron, había extraído 10 más, 9 idénticas a la primera que mostró y una. Al parecer su carta fuerte, que destacaba como ninguna otra que hubieran visto, tenía una vista transparente, a primera vista. Pero descomponía la poca luz en todo el espectro del arcoíris. Era realmente la joya de la corona.
Incluso después de verlas, el líder, no se sentía realmente convencido de permitirle ingresar, pero respetaría la decisión de la mayoría, no era momento para pasar como cobarde. Asintió, dando por concluida la discusión. Ya no podían perder más tiempo, ya habían pasado 10 minutos. Apenas y tenían tiempo de concluir y salir de ahí, para que nadie lo notara.
Siguiendo el ejemplo del extraño, cada uno extrajo de diversas partes de su indumentaria lo que habían traído para negociar, en verdad todas eran de la más alta calidad, no se podía poner reparo en ninguna de ellas.
El líder: tomando la iniciativa, tomó un trozo de una botella que estaba escondido junto a una de las llantas del carro. Al parecer, estaba ahí con ese fin.
Se situó en el centro del grupo nuevamente, se inclino hacia el suelo y dibujó un círculo de casi un metro de diámetro, salió y todos se pararon a un paso del borde, cada uno con 10 de los cristales en la mano izquierda y uno en la derecha; sólo uno de ellos en forma contraría, todos lo conocían como el zurdo.
Todos dejaron caer las 10 en forma desordenada. Todos, menos uno. Quien los dejó caer después de un pequeño titubeo, casi imperceptible, sólo 2 lo notaron, el líder y el extraño.
El líder, nuevamente tomó la palabra y le dijo al que había titubeado, tú inicias, era una buena estrategia, por tres razones: podría fallar por su nerviosismo, el estaba a sólo dos lugares, -por lo tanto sería de los primeros- y el extraño iría, casi al final.
Con un clamor general, dio inicio el juego de canicas. Olvidaron que en la escuela estaba prohibido jugarlo durante el receso y sólo les quedaban 15 minutos para terminar, antes de que la campana sonara y cada quien tomara lo que pudiera de lo que no hubiera sido ganado y corriera de nuevo a clases.
El resto de los presentes lo vieron de forma inquisitiva y desconfiada; había mucho en juego para simplemente aceptar a un extraño, demasiado que perder si era la persona equivocada.
-¿Quién te notificó? - pregunto el mayor -. Parecía ser el líder.
-Así que tú eres a quien debo convencer - pensó.
-Recibí éste mensaje –dijo, mientras extendía un papel maltratado y sucio con un extraño mensaje: "12:05 tras almacén, junto al carro abandonado, llega a tiempo, será rápido"; y un símbolo en el reverso casi ilegible.
-Parece auténtico -comentó para el resto -pero tengo una duda ¿quién te lo dio? -le dijo, -mientras recorría al extraño.
Era unos centímetros más bajo que el, pero arriba de la media del resto, delgado, brazos largos al igual que unas manos grandes pero delgadas, por sus características podría llegar a ser un peligro si lo dejaban ingresar. Pero todo estaba en orden. En el momento que el extraño iniciaba la respuesta, noto que aparecía en su mano derecha, una bolsa de piel negra, extraída de su bolsillo izquierdo; la cual estaba deformada por su contenido, media unos 10 centímetros, y solo estaba llena hasta la mitad, -en sus ojos apareció un brillo; -aún no veía el contenido y ya lo deseaba.
-Fue "el bocho", lo conozco de hace tiempo y le comenté que estaba interesado. Ayer fue a mi casa y le mostré esto, -lo dijo mientras extraía de la pequeña bolsa sólo uno de los cristales que contenía. Él pensó que podría interesarles y por eso me dio su invitación.
Era verdad, faltaba el bocho, nadie lo había notado, porque se suponía que era una reunión exprés y sólo participarían los que estuvieran a tiempo.
Al parecer todo se había salido de control. Y todo debido al extraño que tenia a todos embelesados con el cristal, al parece podría ingresar si se traducía la cara de todos en el lugar. Al parecer todos estaban dispuestos a correr el riesgo, por la simple oportunidad de poseerlo.
-Bueno, y quien más está enterado de esto –Dijo el extraño.
-Nadie; sólo los que tienen el mensaje. Y tu –Dijo el líder, en forma desdeñosa.
-Muy bien, podemos comenzar. –Replicó desafiante.
-¿Podemos?; ¿es que ya te has dado por admitido? –Dijo, con un tono de odio en la voz.
-Muy bien, decidamos. –Dijo uno de los otros. –Estamos perdiendo tiempo valioso y podrían descubrirnos.
-Ok, dijo el líder; Levanten la mano los que estén en contra. –Esperando con esto manipular la respuesta.
Sólo uno, además de él levantó la mano; todos los demás se abstuvieron. Al parecer, el simple hecho de mostrar uno de los cristales que estarían disponibles, logró el efecto correcto.
-Sólo recuerden que hoy en particular, están en juego nuestras mejores posesiones. –replicó el líder.
Todos asintieron, pero aún así, no cambiaron su decisión.
-Muy bien; pero al menos quiero ver, todo lo que ofrecerás. –Dijo, dirigiéndose nuevamente al extraño.
Sin poner mucha atención a la expresión de odio que mostró el líder; extrajo todo el contenido de la bolsa y lo puso a consideración. Todos se sorprendieron, había extraído 10 más, 9 idénticas a la primera que mostró y una. Al parecer su carta fuerte, que destacaba como ninguna otra que hubieran visto, tenía una vista transparente, a primera vista. Pero descomponía la poca luz en todo el espectro del arcoíris. Era realmente la joya de la corona.
Incluso después de verlas, el líder, no se sentía realmente convencido de permitirle ingresar, pero respetaría la decisión de la mayoría, no era momento para pasar como cobarde. Asintió, dando por concluida la discusión. Ya no podían perder más tiempo, ya habían pasado 10 minutos. Apenas y tenían tiempo de concluir y salir de ahí, para que nadie lo notara.
Siguiendo el ejemplo del extraño, cada uno extrajo de diversas partes de su indumentaria lo que habían traído para negociar, en verdad todas eran de la más alta calidad, no se podía poner reparo en ninguna de ellas.
El líder: tomando la iniciativa, tomó un trozo de una botella que estaba escondido junto a una de las llantas del carro. Al parecer, estaba ahí con ese fin.
Se situó en el centro del grupo nuevamente, se inclino hacia el suelo y dibujó un círculo de casi un metro de diámetro, salió y todos se pararon a un paso del borde, cada uno con 10 de los cristales en la mano izquierda y uno en la derecha; sólo uno de ellos en forma contraría, todos lo conocían como el zurdo.
Todos dejaron caer las 10 en forma desordenada. Todos, menos uno. Quien los dejó caer después de un pequeño titubeo, casi imperceptible, sólo 2 lo notaron, el líder y el extraño.
El líder, nuevamente tomó la palabra y le dijo al que había titubeado, tú inicias, era una buena estrategia, por tres razones: podría fallar por su nerviosismo, el estaba a sólo dos lugares, -por lo tanto sería de los primeros- y el extraño iría, casi al final.
Con un clamor general, dio inicio el juego de canicas. Olvidaron que en la escuela estaba prohibido jugarlo durante el receso y sólo les quedaban 15 minutos para terminar, antes de que la campana sonara y cada quien tomara lo que pudiera de lo que no hubiera sido ganado y corriera de nuevo a clases.
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